¿El acceso al patrimonio debe ser gratuito?

El año 2013, el Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico me pidió a través de su departamento de comunicación que escribiera un texto para el “Blog de la Cultura y el Deporte de la Junta de Andalucía” explicando mi punto de vista sobre la cuestión de la gratuidad de acceso al patrimonio. Como dicho blog ha desaparecido pero la reflexión sobre la gratuidad de acceso al patrimonio creo que sigue siendo necesaria he decidido publicar dicho texto en Rainig Stones.

¿El acceso al patrimonio debe ser gratuito? 
04 de noviembre de 2013

Partamos de una evidencia, hacer accesible el patrimonio tiene unos costes derivados de las inversiones que son necesarias para su adecuación y de la financiación que es necesaria para cubrir los gastos corrientes. Unos costes que aumentan en la medida que sea más profesional la manera de hacer accesible el patrimonio. Entonces, la pregunta sobre si el acceso al patrimonio debe ser gratuito debería formularse realmente de otra manera: ¿quién debe pagar los costes que implica hacer que el patrimonio sea accesible?

Se trata, pues, de una cuestión política como la de quién debe pagar la sanidad, la educación, las carreteras o el servicio de bomberos y, por tanto, la respuesta depende de la ideología política que tenga cada uno. Pero como vivimos en un mundo que no empieza de nuevo cada día, como los legisladores no actúan sobre una tabla rasa sino sobre una realidad que es el resultado de la historia, la respuesta también está mediatizada por la coyuntura histórica y por la tradición.

Empecemos por la tradición. Históricamente, la gratuidad de acceso al patrimonio se ha basado en dos razones. En primer lugar, en la consideración del patrimonio como un bien colectivo de la humanidad y, en segundo lugar, en el valor del patrimonio como instrumento educativo de la sociedad. En sentido contrario, la defensa del pago por el acceso suele basarse también en dos razonamientos. El primero, de carácter más ideológico, es el de que son las personas que hacen uso del patrimonio las que deben pagar por ello. El segundo, de carácter más pragmático, sostiene que la financiación pública no alcanza a todos los sitios patrimoniales o que es insuficiente y que, por tanto, es necesario generar más ingresos.

Centrémonos ahora en la coyuntura histórica. En los países de nuestro entorno la cuestión de la gratuidad de acceso al patrimonio (que se ha centrado de manera principal en el acceso a los museos) ha sido objeto de numerosos estudios y debates entre los que destacan el que tuvo lugar en el Parlamento Británico sobre la gratuidad de acceso a los museos nacionales. Para alimentar el debate parlamentario se realizaron numerosos estudios que pusieron en evidencia que algunos de los argumentos utilizados en defensa de la gratuidad se basaban más en tópicos que en evidencias.

Quizá la más llamativa de las conclusiones fue que si bien la gratuidad supuso un incremento espectacular del número de visitas en algunos museos (de un 111% en el Victoria and Albert Museum, de un 85% en el Natural History Museum y de un 100% en el Science Museum), éso no representó un significativo aumento del número de visitantes ni una diversificación de su perfil, es decir, los que ya visitaban los museos, gracias a la gratuidad, lo hicieron muchas más veces mientras que los grupos sociales que normalmente están excluidos de los museos no variaron significativamente su actitud.

Como explica Marga Loran en el excelente estudio sobre las políticas de gratuidad en los museos que realizó en 2009 para el Departamento de Cultura de la Generalitat de Cataluña, a diferencia de lo que sucede en los países de nuestro entorno, en España la cuestión de la gratuidad de acceso al patrimonio no ha sido objeto de estudios que hayan generado datos ni reflexiones para alimentar el debate. Curiosamente, mientras se echan de menos más estudios, el pago o no de tarifas de acceso al patrimonio es una cuestión que despierta mucha atención mediática, como puede verse, por ejemplo, en la polémica sobre si debe pagarse o no una entrada en el Park Güell de Barcelona. También, a raíz de los recortes que están sufriendo en los últimos años las instituciones patrimoniales públicas, la cuestión del pago de tarifas de acceso se ha convertido en un tema recurrente, como explica Peio H. Riaño en su artículo “Gratis, ni en pintura”.

De todos los argumentos a favor y en contra de la gratuidad de acceso a los museos que se recogen en estos trabajos, hay uno que a mí me parece especialmente relevante. Se trata de que la discusión sobre la gratuidad, a menudo, esconde un debate más de fondo sobre la función social del patrimonio y sobre la eficacia de los modelos de gestión actualmente en vigor en España.

Lo cierto es que en España, a pesar de venir de una larga tradición de gratuidad de acceso al patrimonio, actualmente se está imponiendo la modalidad de pago (normalmente atenuada con accesos gratuitos para determinados colectivos o en fechas periódicas o puntuales). Este cambio de actitud ha sido motivado tanto por la necesidad de generar ingresos ante la merma de los presupuestos públicos (merma que ahora tiene razones económicas pero que hace diez años obedecía principalmente a causas ideológicas) como, sobre todo, porque el acceso al patrimonio ya no es visto sólo con una finalidad educativa o social, sino con una finalidad económica, vinculado a la industria del ocio y del turismo.

El papel central que el patrimonio ha jugado en el despertar de nuevos destinos turísticos en España, muchos de ellos fuera de los grandes centros urbanos, ha hecho que se le considerara un interesante yacimiento de empleo, especialmente atractivo para los jóvenes. Lamentablemente, las expectativas en términos de creación de empleo sólo se han cumplido de manera muy parcial y creo que la principal causa de ello es la tradición española en la gestión del patrimonio, una tradición que ha puesto más el acento en la administración de los recursos que en lo que podríamos llamar la “gestión creativa”, una tradición que no ha sido capaz de asimilar de una manera real la visión estratégica del patrimonio como factor de desarrollo local. En este contexto, el debate sobre la gratuidad de acceso al patrimonio se ha planteado más desde una lógica recaudatoria que desde la lógica de la gestión.

La ausencia de un modelo de gestión creativa de los bienes patrimoniales públicos sumada a una excesiva atomización de los órganos de gestión nos ha llevado en la actualidad a un estado de precariedad generalizada como nos recuerda Sara Manzanares en su blog “Museo, GoGreen” y ha provocado numerosas paradojas al convivir en un mismo territorio ofertas patrimoniales de pago y ofertas patrimoniales gratuitas. Veamos un ejemplo que se da en la comarca cántabra del Saja Nansa. ¿Cómo podemos explicarle a un turista que la visita guiada a la Cueva de Chufín, declarada Patrimonio Mundial y gestionada por la Consejería de Cultura, sea gratuita,cuando supone al menos un par de horas de trabajo de un técnico especializado,mientras que por la visita a la Ferrería de Cades, gestionada por la Asociación de Desarrollo Local de la comarca, que también precisa de un técnico cualificado para poner en marcha la maquinaria, tiene que pagar 5,00€ y que para visitar el Castillo de San Vicente de la Barquera, gestionado por el Ayuntamiento y en el que no hay ningún servicio de interpretación, debe pagar 1,00€? ¿No sería más lógico que en el Saja Nansa existiera algún tipo de órgano o de convenio que permitiera una oferta conjunta de todas las administraciones,con una política de precios sensata que incluyera descuentos o gratuidades puntuales satisfaciendo tanto la necesidad de ingresos como la demanda de carácter social, evitando así una absurda competencia que lo único que consigue es poner en riesgo unos puestos de trabajo de los que tan necesitada está la comarca?
La situación que se da en el Saja Nansa la podemos encontrar en muchos lugaresde nuestro país y sólo a partir de una racionalización de la gestión con unavisión territorial y creativa conseguiremos que el sector del patrimoniocultural contribuya de manera significativa a la creación de empleo en España.

Desde esta perspectiva, mi respuesta a la pregunta ¿quién debe pagar los costes que implica hacer que el patrimonio sea accesible? es que en la España del 2013 la gratuidad del acceso al patrimonio sólo se justifica en un contexto educativo y de democratización del acceso de los ciudadanos a la cultura pero no está en absoluto justificada en el ámbito del ocio y del turismo. En el contexto actual de la administración pública, creo que la única opción viable desde el sector del patrimonio para generar empleo cualificado para los miles de jóvenes formados en las universidades de nuestro país es adoptar un modelo de gestión creativa como el que han desarrollado el Centre Gaudí de Reus o el Museo de la Brujas de Zugarramurdi, por citar sólo dos ejemplos que conozco de cerca. En ambos lugares la administración ha asumido las inversiones necesarias para hacer accesible el patrimonio y en ambos lugares, a partir de una oferta atractiva y bien promocionada, han conseguido encontrar el equilibrio entre la función social del patrimonio y su dimensión económica. En ambos casos ese equilibrio se ha sustentado en los ingresos derivados de la venta de entradas y servicios.

Documentos para el debate.

El debate sobre la gratuidad de los museos y centros patrimoniales parece que está empezando a tomarse en serio en nuestro país, en parte debido a los recortes presupuestarios de las administraciones públicas, en parte debido a la pérdida de ingresos generada por el drástico descenso del consumo de la clase media y en parte debido a que una sociedad más crítica se está cuestionando los modelos tradicionales de gestión del patrimonio cultural y pone en cuestión la limitación del derecho de entrada a los bienes culturales públicos.

El debate no es nuevo en los países de nuestro entorno. Para ilustrarlo he recopilado una serie de textos procedentes de Reino Unido, Francia y Bélgica, además del estudio realizado por Margarida Lorán para la Generalitat de Catalunya, estudio pionero en nuestro país y que pone en evidencia que llegamos más de quince años tarde a un debate que preocupa a nuestra Europa vecina desde finales de los noventa del siglo XX.

House of Lords Debate: Museums and Galleries: Free Access, 1997 (vol 584 cc803-28)

Gillian Savage: Charges dropped! Admission fees to cultural attractions. Australia, 2001.

DEPARTMENT FOR CULTURE, MEDIA AND SPORT: National Museums and Galleries: Funding and Free Admission. Government Response to the House of Commons Culture, Media and Sport Committee. Presented to Parliament By the Secretary of State for Culture, Media and Sport. February 2003

National Museum Directors’ Conference: National Museums and Galleries:  The Impacts dnd the Needs2004

Dominique BOURGEON-RENAULT, Anne GOMBAULT, Marine LE GALL-ELY, Christine PETR et Caroline URBAIN: Gratuité des musées et valeur perçue par les publics, 2007

Marine Le GALL-ELY, Caroline URBAIN, Dominique BOURGEON-RENAULT, Anne GOMBAULT, Christine PETRFree admission to museums and monuments:  An exploration of some perceptions of the audiences.  International Journal of Nonprofit and Voluntary Sector, 2008.

Anne GOMBAULT, Caroline URBAIN, Dominique BOURGEON-Renault, Marine LE GALL-ELY, Christine PETR:  La gratuité des musées ET des monuments. Qu’en pensent les publics en France? 2008

Margarida LORAN i GILI: L’accés gratuït als museusDirecció General de Patrimoni Cultural. Departament de Cultura, Generalitat de Catalunya. 2009.

Jacqueline EIDELMAN, Benoît CÉROUXLa gratuité dans les musées et monuments en France : quelques indicateurs de mobilisation des visiteurs, 2009

National Museum Directors’ Council: 10th anniversary of free admission to national museums, 2011

Atelier de Recherche et d’Action Urbaines asbl (ARAU): L’ARAU pour la gratuité mensuelle du 1er dimanche du mois, 2011

The Guardian/The Observer: Free entry to museums enriches us in many ways2011.

Randy KENNEDY: The Cultural Calculation: Museum Fees2011 NYT

Dominic LAWSON: Why is free admission to art galleries and museums sacrosanct, when free swimming is not? The Independent, 2013.

Heather CROSS: Free Admission and Discounted Admission at New York City Museums New York City Travel

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