Buenas y malas prácticas en la creación de Centros de Interpretación

Manel Miró

Hace unos días Vàngelis Villar publicó un post en su blog Paisatges Culturals en el que hablaba de los problemas que aquejan en estos tiempos a los centros de interpretación y terminaba diciendo: “Suposo que aquesta és la raó per la qual molts equipaments, en èpoques de vaques magres es veuen irremissiblement portats al tancament o a la supervivència amb una nul·la inversió de recursos. Molts projectes sembla que van voler començar la casa per la teulada, pensant més en una inversió a curt termini que una planificació pensada en la viabilitat.” (Trad. al castellano: “Supongo que esa es la razón por la que muchos equipamientos, en épocas de vacas flacas se ven irremisiblemente llevados al cierre o a la supervivencia con una nula inversión de recursos. Muchos proyectos parece que quisieron empezar la casa por el tejado, pensando más en una inversión a corto plazo que en una planificación pensada en la viabilidad.) A raíz de su post empezamos un pequeño debate en Twiter hasta que concluimos que la enjundia del tema merecía un escrito de más de 140 caracteres.

Los centros de interpretación han sido siempre un tema recurrente en los años que llevo trabajando como consultor en patrimonio. Desde que empezaron a proliferar en la década de los 90 no han dejado de ser objeto de críticas, especialmente desde el sector de los museos, que han visto en ellos un sucedáneo museístico, y tampoco han faltado los que los han defendido a capa y espada, especialmente en el ámbito de las agencias de desarrollo local, que muy a menudo han visto en ellos la panacea del desarrollo turístico.

Es cierto como dice Vàngelis que muchos centros de interpretación se ven abocados al cierre por culpa de la crisis. Pero también es cierto que muchos cerraron antes de que llegara la crisis. Como dice Vàngelis, muchos proyectos empezaron la casa por el tejado o, lo que es lo mismo, no fueron bien planificados.

Sin querer entrar al detalle en otras consideraciones, la experiencia de los veinte últimos años nos debería haber enseñado, sobre todo, una cosa: es un error crear centros de interpretación desvinculados de un elemento patrimonial relevante o de un tema lo suficientemente interesantes como para atraer al mínimo de visitantes que es necesario para garantizar la sostenibilidad del equipamiento. Y cuando digo visitantes no me refiero solamente a turistas sino que incluyo también a la población local. Ligado a este error de desvinculación también se ha caído muy a menudo en la falsa creencia de que un centro de interpretación es una “atracción” por sí mismo, llegando algunos a pensar incluso que para la mayoría de la población era mejor el centro de interpretación que la “experiencia real”.

Esta tendencia dio lugar a lo que David Uzzell bautizó como “síndrome de la casa de juguetes”, síndrome que consiste en crear centros de interpretación llenos de dispositivos interactivos y “magia tecnológica” para entretener a un público poco preparado, mientras que el patrimonio auténtico se reserva a la élite cultural que sabe valorarlo de verdad. De esta dicotomía entre lo “auténtico” y lo “no auténtico” surgió una visión maniquea que enfrentaba a los museos con los centros de interpretación. Esta visión maniquea se sintetizaba en dos aspectos, mientras los museos eran aburridos y exponían piezas originales, los centros de interpretación eran divertidos y exponían reproducciones.

Este maniqueísmo está vigente en la actualidad, por ejemplo, en la legislación navarra que no considera museo al Museo de las Brujas de Zugarramurdi, porque no tiene objetos físicos originales. Esta devoción por el vestigio físico, que tanto cuesta entender a los japoneses*, parece olvidar que existe algo llamado “patrimonio intangible”, en este caso la historia de uno de los más amplios procesos inquisitoriales de brujería que tuvo lugar en Europa.

Hemos perdido mucho tiempo en nuestro país estableciendo categorías y diferencias que no tienen ninguna utilidad práctica mientras olvidábamos ocuparnos de lo esencial, la gestión de los bienes culturales. Para mí un museo puede ser a la vez un centro de interpretación y al revés también. Lo que yo considero importante es la manera de planificar y pensar un equipamiento patrimonial de manera que sea útil, en primer lugar para las personas y en segundo lugar para el patrimonio.

Veamos ahora unos ejemplos de malas y buenas prácticas en la creación de centros de interpretación, y para que nadie me acuse a mí de maniqueísmo diré que en todos ellos he participado en mayor o menor medida, es decir, que conozco su historia y también lo que no suele saberse, la intrahistoria. En el concejo asturiano de Llanes se construyó hace poco más de cinco años un centro de interpretación bautizado como Aula de Interpretación del Megalitismo (en Asturias el concepto aula didáctica se ha preferido al de centro de interpretación). El Aula del Megalitismo estaba vinculado a un amplio proyecto llamado Plan de la Prehistoria del Oriente de Asturias. La justificación del centro era un espléndido santuario rupestre de la Edad del Bronce con grabados y una colina con abundantes tumbas megalíticas.

Aula de Interpretación del Ídolo de Peña Tú

El Aula es propiedad del Ayuntamiento de Llanes que es quien la gestiona a través del área municipal de turismo. El escaso número de visitantes que ha recibido el Aula de Peña Tú desde su inauguración ha conllevado que se fueran limitando paulatinamente los horarios y el periodo de apertura.

2006

2007

2008

2009

2010

4.169

1.472

1.661

2.025

El Aula cuenta con una exposición dedicada a explicar el fenómeno del megalitismo y la formación social en la que este fenómeno se produjo, como introducción para explicar el significado del Ídolo de Peña Tú. Este Ídolo es propiedad del Principado de Asturias que lo gestiona tanto en lo que se refiere a su conservación como a su uso público por medio de la Consejería de Cultura.

El Ídolo de Peña Tú en Llanes

La Consejería tiene contratado un guía que es el encargado de abrir y cerrar el acceso al Ídolo. A diferencia de las cuevas visitables del Oriente de Asturias, este monumento no tiene ningún tipo de restricción de número de visitantes y está abierto todo el año de miércoles a domingo. Los datos de los dos últimos años son:

Año

2009

2010

Visitantes

3.674

4.447

¿Dónde radica el problema que hace que este centro esté al borde del cierre total? El problema principal del Aula de Peña Tú es que está desvinculada de la visita al monumento, al ídolo megalítico. Es decir, por un lado está el centro que gestiona el ayuntamiento de Llanes (y que tiene una entrada de 1€), y por otro lado está el ídolo de Peña Tú, cuya visita la gestiona el Principado de Asturias por medio de un guía-guarda (y cuya visita es gratuita). Desconocemos el promedio de visitantes del ídolo que visita el Aula de Interpretación aunque este dato sería muy relevante. Lo que sí es evidente es que, al menos para el año 2010, los visitantes del Ídolo duplican a los visitantes del Aula.

Visitantes 2010

Visitantes Aula de Peña Tú

2.025

Visitantes Ídolo de Peña Tú

4.447

En este centro se pone de manifiesto la ausencia de una planificación coordinada entre la administración autonómica y la administración local que les ha impedido ver lo absurdo de que el Aula de Peña Tú y el Ídolo no conformen una única oferta, de manera que la visita a Peña Tú incorporara el aula como si se tratara del centro de visitantes del ídolo, el lugar donde se comprara la entrada, donde se hace la introducción a la visita y, si así se considerara, donde el guía comienza su recorrido. Una gestión conjunta de aula e ídolo tendría sin duda un efecto multiplicador en el número de visitas.

En el lado opuesto de este ejemplo está el Gaudí Centre, un gran centro de interpretación que se inauguró en Reus (Tarragona) en el año 2007. En el origen del Gaudí Centre, como en el de muchos otros equipamientos, se combinan factores de planificación y factores de oportunidad.

Plaça del Mercadal de Reus con la Casa Navás (obra de Domènech i Muntaner) en primer término y el Gaudí Centre a la derecha. Foto de Colin Campbell

Por un lado el Patronato de Turismo de Reus disponía de un Plan Estratégico en el que se planteaba la necesidad de crear una “puerta” para su recién creada Ruta del Modernismo. Por otro lado, le surgió la oportunidad al ayuntamiento de adquirir el antiguo Banco de Santander, un edificio ubicado en la misma Plaça del Mercadal al que debía darse un nuevo uso tras haber cerrado el banco sus oficinas.

El antiguo edificio del Banco de Santander en la Plaza del Mercadal de Reus

De la combinación de ambos factores surgió el Gaudí Centre. El éxito de la iniciativa queda plasmado en sus números (datos obtenidos de DADES GAUDI CENTRE 2007_2010). El número de visitantes ha pasado de los 19.704 de 2007 a los 66.026 en 2010. El 60% de los visitantes son extranjeros y de éstos casi la mitad son turistas rusos que veranean en la Costa Dorada y que dejan un alto valor añadido al comercio del centro de Reus. Los escolares representan un poco más del 8% de los visitantes. Los ingresos han pasado de los 55.884€ de 2007 a los 253.088€ de 2010, que suponen la autofinanciación del centro. Los datos del 2011, en plena crisis, superan los de 2010, habiendo llegado el centro a obtener ya un superávit de ingresos. Las encuestas de satisfacción valoran muy positivamente el centro y el impacto económico directo en la ciudad se ha estimado en 13,6 millones de euros.

Gaudí Centre. El proyecto arquitectónico fue realizado por el arquitecto Gabi Bosques.

¿Dónde radica el éxito del Gaudí Centre? En primer lugar, en la visión estratégica de creer que el modernismo de Reus permitía estructurar una oferta cultural de primer nivel, capaz de atraer a un número significativo de turistas a la ciudad. En segundo lugar, en el coraje político de decidir ubicar el Gaudí Centre en el corazón de Reus lo que implicó una importante inversión para comprar un edificio, remodelarlo y adecuarlo. En tercer lugar, en la habilidad del equipo de gestión que ha tenido claro desde el primer momento que ellos eran el puente entre la gente y el modernismo de Reus, lo que implica que trabajan al servicio del público y que el público son personas a las que se les debe ofrecer servicios de calidad. Bien hasta aquí llegamos hoy. Supongo que habrá ocasión de ir trayendo nuevos ejemplos para la discusión en el futuro.

_____________________

* Christian Carrier, uno de mis maestros en el arte de la interpretación, me contó que para los japoneses la autenticidad de un objeto o un edificio viene dada sobretodo por la función y no por el vestigio físico. Hace años me explicó la anécdota de que una vez en Japón le llevaron a visitar un templo del siglo X y que cuándo llegaron al templo él percibió claramente que el templo estaba recién construido. Al preguntar cómo podía ser del siglo X algo que acababa de ser construido le respondieron que desde el siglo X existía un templo allí al que se rendía culto y que, obviamente, siempre que la estructura del templo envejecía y se deterioraba era renovada.

14 comentarios en “Buenas y malas prácticas en la creación de Centros de Interpretación

  1. Fantástico post, pero creo que la raíz del problema son los técnicos y políticos, muchas veces son más humanos que buenos profesionales. Los tira y afloja entre las diferentes administraciones es algo que escapa a mi comprensión, ¿Cómo es posible que a cargo del erario público se estén duplicando sueldos e inversiones en vez de aunar esfuerzos? Como si el patrimonio fuera de unos o de otros, A lo mejor unos u otros recibieron la visita en sueños de los constructores del dolmen y se lo legaron… país! (Forges)

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    • Mi esperanza es que las nuevas generaciones de profesionales que se han estado formando en los últimos años sean capaces de revertir la situación. Se trata de empezar a aplicar el sentido común en la toma de decisiones y en eso los profesionales podemos ayudar a los políticos… si se dejan ayudar, claro. De todas maneras como tú dices el problema también tiene que ver con la naturaleza humana y ahí, como decía un sabio, hasta los propios dioses luchan en vano.

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  2. Un artículo muy completo, con mucho bagaje: me parce que las “nuevas generaciones de profesionales” a quienes haces referencia, tenemos mucho que aprender. En todo caso, me gustaría añadir un aspecto sobre el Gaudí Centre de Reus, que lo diferencia enormemente del caso asturiano, y es el factor humano. Soy tarraconense, y mucho a mi pesar debo admitir que el carácter de los reusenses es el de la iniciativa, el de fomentar el espíritu de la ciudad -cosa que en Tarragona no sucede-. De esta manera es mucho más fácil huir de las divergencias entre intereses partidistas para trabajar conjuntamente y crear sinergias que beneficien a la ciudad. No sé si estarás de acuerdo con este factor, pero aquello que realmente separa un plan de gestión bien ejecutado y un proyecto mal desarrollado es, en último término, las ganas y el entusiasmo de quienes deciden llevarlo a cabo. Espero poder continuar estos debates en otros blogs o encuentros como “Cafès de Patrimoni” (http://cafesdepatrimoni.wordpress.com/).

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    • Sense voler entrar a comparar tarragonins i reusencs (un jardí del que segurament sortiria escaldat), el que sí és cert és que l’entusiasme per la feina ben feta sol ser garantia d’èxit. Al Gaudí Centre aquest entusiasme té molt a veure amb la qualitat humana i professional de totes les persones que hi treballen, gerent, tècnics de patrimoni, guies, administració. Però fixa’t en una cosa. A Reus no he estat pas l’Àrea de Cultura qui ha liderat la reivindicació i valorització del patrimoni modernista sinó que ha estat l’Àrea de Turisme. Amb això no vull dir que a Tarragona s’hagi de fer també el mateix sinó que a Reus no portaven a sobre la llosa de la tradició espanyola de gestió del patrimoni. Reus hauria de ser un model a tenir en compte per moltes ciutats catalanes que tenen un patrimoni interessant i volen convertir-lo en un motor de desenvolupament local, cosa que implicaria la creació de molts llocs de treball.

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      • Doncs és curiós, però resulta que a Tarragona, efectivament, és el Patronat de Turisme qui organitza diverses iniciatives de difusió. En són un exemple el itineraris urbans per la ciutat, que serveixen per connectar i donar visibilitat als diferents espais patrimonials de Tarragona.

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      • En el cas de Reus, el Patronat de Turisme no només organitza visites sinó que, pel que fa al patrimoni modernista, s’encarrega de les cinc funcions bàsiques de la gestió del patrimoni: recerca, adquisició, documentació, conservació i difusió.
        És a dir, no es dedica només a temes de difusió, cosa que fan moltes àrees de turisme, sinó que fa una gestió integral del patrimoni.

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  3. Un article molt interessant que precisament posa exemples de tots els aspectes que habitualment ens podem trobar en els centres d’interpretació del nostre entorn: planificació, desvinculació, manca d’inversió en manteniment, línies tènues que divideixen els responsables d’espais i monuments, etcètera.

    La veritat és que també desitjo que les noves generacions de professionals del patrimoni puguin revertir la situació… si els polítics es deixen.

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