La decadencia de la Ciudad Antigua (4): André Piganiol

Manel Miró

André Piganiol. Historiador francés (1883-1968).

En su obra sobre el Imperio Cristiano (André Piganiol: L’Empire Chrétien, 1947) Piganiol no dedica un capítulo específico al tema de las ciudades, ahora bien, trata el tema tangencialmente al hablar del comercio, los impuestos y los decuriones.

Para hablar de la ciudad en el Bajo Imperio, Piganiol pone el ejemplo de Timgad, de la que se conoce el Álbum Municipal. De la lectura del mismo, en principio, parece que nada ha cambiado desde el Alto Imperio. Los mismos personajes y magistraturas municipales. Pero, según Piganiol, este bello edificio que presenta el Álbum Municipal de Timgad es irreal: las magistraturas no son otra cosa que liturgias costosas, munera. Este hecho se relaciona con los cambios sufridos por la administración imperial, en particular en cuanto a la recaudación de los impuestos. A partir de la entrada en vigor de la jugatio – capitatio, los decuriones son los responsables de recoger y enviar a la oficina del gobernador provincial el impuesto que previamente los tabularii les habían asignado. Así los decuriones se convierten en susceptores (recaudadores). El susceptor recibe una centésima del montante de los impuestos, los cuales, una vez recogidos, son enviados a los tabularii, siendo toda la curia responsable de los retrasos. Dado que los comerciantes no eran elegibles para la curia, necesariamente los decuriones deben haber sido, sobre todo, pequeños propietarios de tierras o de bienes inmuebles. El estatus de decurión se convirtió en hereditario y la elección, forma antigua de acceder a la curia, se sustituyó por la cooptación.

Calle Triunfal de Thamugadi (Timgad), Argelia

Para Piganiol, igual que para Rostovtzeff, la entrada de los decuriones en la administración fiscal del Estado es un golpe muy duro para esta clase, que ve como muchas fortunas desaparecen a consecuencia de las obligaciones fiscales que no han podido recaudar y que tienen que pagar de su bolsillo. Según Piganiol todo es mejor que ser consejero municipal, por lo tanto, los decuriones huyen a sus dominios rurales o se hacen arrendatarios de dominios imperiales, entran en la oficina del gobernador o, si pueden, en la burocracia central, se enrolan en el ejército de donde el Emperador los hace expulsar, desaparecen en medio de los obreros estatales (fabricenses) o las corporaciones privadas, se hacen abogados, profesores o curas, huyen al desierto en medio de los monjes. Los más afortunados consiguen entrar en la clase de los clarissimi.

En definitiva, la vida de la clase rectora de las ciudades se hace más difícil, muy difícil. Sin embargo, y eso lo dice el mismo Piganiol, durante el Bajo Imperio los decuriones consiguen alquilar en arrendamiento largo tierras del ager publicus, hecho que había estado y estaba prohibido. También recuerda Piganiol que los decuriones cobran para recaudar los impuestos, pero el historiador francés no extrae conclusiones de estos dos hechos, que, a mi entender, son significativos.

Foro de Timgad

Siguiendo con la argumentación de Piganiol, éste dice que se desconoce el momento en que las propiedades de las ciudades fueron absorbidas por la administración imperial, pero que en tiempos de Constancio ya era así dado que Juliano se los devolvió. Posteriormente las ciudades quedaron de nuevo exhaustas pues se decidió que disfrutaran de un tercio de las ganancias de sus bienes bajo la condición de que lo emplearan para el mantenimiento de sus fortificaciones.

En definitiva, para Piganiol las ciudades se vieron arruinadas en el siglo III tanto por las invasiones como por las exacciones gubernamentales, pero en el siglo IV recuperaron una activa vida comercial y, en general, una próspera vida económica, sólo estorbada por el creciente peso del Estado que intervino las empresas privadas en su intento de racionalizar la producción y distribución de los bienes.

Así pues, Piganiol distingue la actividad económica de las ciudades por un lado y la base ciudadana para la otra. Las reformas de Diocleciano y Constantino habían restaurado la paz y el funcionamiento social de la sociedad romana. Mientras la vida económica se recuperaba, en el seno de las relaciones políticas se producían cambios, en especial en el caso los decuriones, los más perjudicados por el control estatal. En este punto Piganiol se acerca a Rostovzeff y se aleja de Pirenne cuando afirma que las invasiones son las responsables de asestar el golpe mortal a la civilización romana.

 

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