Repensar los museos del vino

Publico hoy la ponencia que presenté al IV Congreso de Museos del Vino de España y Portugal, celebrado en la ciudad murciana de Bullas el año 2006. En aquel momento estábamos trabajando en una propuesta museográfica para el futuro museo del vino de Falset, capital del Priorato, y aprovechamos la oportunidad para reflexionar sobre la museografía del vino.

El creciente interés por la cultura del vino llega al mundo de los museos

El vino en toda España está viviendo un momento dulce de popularidad y aceptación. Una nueva generación especialmente fructífera de bodegueros y enólogos ha aprovechado lo mejor de las anteriores generaciones y ha sido capaz de modernizar los procesos productivos hasta el punto que, impulsados por la crítica, han llevado a algunos de nuestros caldos hasta la cima del prestigio internacional.

Por otro lado, la necesidad de superar la antigua dualidad que separaba al agricultor que producía la materia primera y aquel que realizaba la vinificación, ha llevado al desarrollo de propuestas integradoras. Los nuevos protagonistas entienden el proceso de hacer vino como un todo con el objetivo de aportar lo mejor de la tierra, del clima, de la técnica y de la pasión para que confluyan en un mejor resultado del producto final.

Es éste un fenómeno que no camina sólo sino que corre paralelo al de la nueva cocina y al desarrollo y al interés de la gente por las ofertas turísticas que aportan un valor añadido de la autenticidad de la tierra, del patrimonio y de la cultura. En este contexto es donde cabe enmarcar nuestra ponencia, en la que partimos de la consideración del vino como un bien patrimonial (cultural y natural, tangible e intangible) portador de una serie de valores que, a nuestro entender, nos dibujan las líneas de futuro de su museización:

  • Valor identitario: el vino entendido como bien patrimonial puede actuar como elemento generador de imagen y de identidad territorial.
  • Valor económico: la puesta en valor del vino como bien patrimonial puede generar un yacimiento de empleo y una nueva de riqueza para el territorio donde se realice.
  • Valor social: el desarrollo de un proyecto de puesta en valor del vino como bien patrimonial puede convertirse en un nuevo recurso educativo y contribuir a la sensibilización de la sociedad hacia el respeto del medio ambiente y la tradición cultural.

La interpretación de la cultura del vino

Para que estos valores se hagan evidentes en la museización del patrimonio vinícola es necesario pensar los museos del vino no solamente desde la perspectiva de una colección de objetos muebles o desde la perspectiva del proceso de elaboración del vino, las dos perspectivas mayoritarias en la actualidad, sino también desde la perspectiva de la integración de los proyectos de puesta en valor del patrimonio en las estrategias de desarrollo local.

Esta nueva perspectiva implica un nuevo concepto de museo, abierto y de territorio, en el que la colección no se compone solamente de los objetos muebles que se exponen en las salas o se conservan en los almacenes y que son propiedad del museo, sino que se considera también como colección todos aquellos elementos que no son propiedad del museo pero forman parte del conjunto patrimonial vinícola de una comarca o de una denominación de origen, y eso incluye tanto una bodega, un yacimiento arqueológico o el paisaje de viñas.

La concepción del vino como patrimonio

En España, especialmente en las zonas rurales, existe una creciente sensibilidad por favorecer la integración de las políticas de salvaguarda del patrimonio en las estrategias de desarrollo territorial sostenible.

Esta integración es imprescindible para hacer frente a las amenazas que actualmente se ciernen sobre el patrimonio rural euromediterráneo dentro del que se incluye el patrimonio vinícola. Estas amenazas derivan de la pervivencia de modelos de desarrollo poco sensibles a la preservación de los valores culturales y naturales del territorio y, además, se agravan por las actitudes de algunos profesionales del patrimonio que, con demasiada frecuencia, olvidan que una de sus funciones esenciales es la de tender puentes entre el patrimonio y la sociedad. Cada vez más, los profesionales del patrimonio deberán asumir el rol de mediadores sociales, especialmente si tenemos en cuenta que la participación social será clave en los futuros procesos de planificación espacial, en un nuevo escenario de desarrollo sostenible.

Tradicionalmente, el sector del patrimonio se ha visto condicionado por unas finalidades prioritarias y específicas como son la preservación, el conocimiento científico y la transmisión a las generaciones futuras. Estas finalidades han comportado un necesario protagonismo de las instituciones públicas, obligadas a intervenir y  a asumir unos compromisos que no pueden esquivar ni ceder a la libre concurrencia del mercado.

En los últimos 20 años hemos visto en España como a las preocupaciones tradicionales sobre el patrimonio (conservar, estudiar, difundir) se le han  añadido  otras nuevas que   pueden ser de tipo comercial, económico, político o administrativo. Por ejemplo, generar fórmulas para cubrir los costes o aligerar las cargas económicas, incidir en el marco local en términos de empleo o desarrollo, valorizar un capital o una imagen pública, incitar nuevas formas de presentación o gestión… Todas ellas tienen en común una preocupación fundamental por el uso social del patrimonio, el cual, en última instancia, tiende a convertirse en la razón legítima de la conservación y del estudio.

Así, la principal cuestión a la que deben responder los profesionales del patrimonio ha adquirido en la última década una nueva dimensión, más dinámica, más relacionada con el presente, con el cambio, con la transformación: ¿qué papel debe jugar el patrimonio cultural y natural en una sociedad cambiante como la nuestra?

En este sentido, se ha acentuado la constante confrontación entre la necesidad de conservar y la necesidad de difundir, lo que hace que se planteen diferentes amenazas: problemas de masificación, introducción incontrolada de nuevas tecnologías, ausencia de planificación del crecimiento turístico, procesos de transculturación, etc…, que ponen en peligro el patrimonio y la identidad cultural de muchas sociedades. Para enfrentar y resolver esta disyuntiva es necesario plantear nuevas estrategias de actuación, a partir del concepto de “gestión creativa” del patrimonio cultural y natural, con el objeto de garantizar la preservación del patrimonio y su uso social, en el marco de un crecimiento armónico de la sociedad.

La puesta en valor del patrimonio desde una perspectiva territorial y sostenible: los territorios museo del vino

En el caso español, el abandono, por un lado, de muchas zonas rurales y el desarrollo incontrolado y desmesurado, por otro, en las áreas de crecimiento urbano nos pone delante del gran reto al que deberán enfrentarse muchos de los proyectos de puesta en valor del patrimonio: contribuir a la resolución del permanente conflicto entre el uso y el abuso de la ocupación del espacio. Para ello es necesario que el profesional del patrimonio disponga de instrumentos metodológicos adaptables a los nuevos procesos de planificación espacial, en los que las decisiones que afectan al patrimonio no se tomen en base solamente a criterios profesionales sino que sean el resultado de la participación y el consenso. Consenso que, entre los profesionales del patrimonio, debe empezar por buscar un significado común para el concepto de puesta en valor del patrimonio.

Actualmente en España encontramos dos posturas enfrentadas. Mientras para algunos, poner en valor un elemento patrimonial significaba restaurarlo y dotarlo de un marco jurídico de protección que prohíba completamente o limite su uso, para otros, poner en valor, además de restaurar y regular normativamente, significa implementar un plan de uso y gestión que permita resolver de manera favorable para la sociedad y para el patrimonio el permanente conflicto entre crecimiento y conservación o, dicho en otros términos, entre uso y abuso del territorio.

De la aplicación de un tipo u otro de planteamiento derivan diferentes tipos de proyectos.  Así, mientras de la aplicación del primer significado se derivan proyectos que centran sus objetivos en los aspectos normativos y legales de la conservación del patrimonio, de la aplicación del segundo significado se derivan proyectos orientados no sólo a como se puede regenerar físicamente un bien o espacio degradado sino cómo esa regeneración puede convertirse en una de las aspiraciones elementales y principales de sus herederos sociales. Entendemos que esta segunda postura está más relacionada con los objetivos de desarrollo sostenible y con el concepto de “gestión creativa” que la primera.

Para hacer realidad este planteamiento será necesario llegar a la creación de nuevas fórmulas y culturas de gestión de los recursos patrimoniales. En este sentido, en Stoa hemos desarrollado el concepto de Territorio Museo, concepto que entronca con la herencia de los ecomuseos franceses y la tradición anglosajona de la planificación interpretativa y con el que pretendemos dar respuesta al reto de la gestión creativa del patrimonio.

Con demasiada frecuencia, en el medio rural, cuando se ha planteado la necesidad o la voluntad de poner en valor el patrimonio de un territorio, y esto también ha pasado en las zonas vinícolas, automáticamente se ha pensado en la creación de un museo o, más recientemente, en la varita mágica de los centros de interpretación.

Nosotros entendemos, no obstante, que la puesta en valor del patrimonio no debe plantearse únicamente dentro de las paredes de un museo. Debemos ir más allá, hacia un modelo de presentación de los recursos relacionado con una idea integral de paisaje y de respeto al mismo, que cuente con los testimonios originales, ya sean éstos tangibles o intangibles, que utilice las construcciones existentes, los lugares de la memoria. Estamos convencidos que el concepto Territorio Museo puede ser especialmente atractivo para aquellas zonas rurales que, como las vinícolas, están dotadas de una fuerte personalidad histórica y conservan numerosas huellas de su pasado: tradiciones artesanales, peculiaridades gastronómicas, particularismos lingüísticos, arquitecturas populares, estrategias productivas propias, conjuntos monumentales, restos arqueológicos, obras de arte, manifestaciones culturales

Como instrumento metodológico, el concepto de Territorio Museo es útil para planificar propuestas que pretendan difundir conceptos de “marca-territorio” en diferentes mercados como el del ocio, el turismo, el cultural o el agroalimentario.

Por ello, el Territorio Museo tiene un doble significado:

  • Por un lado, lo aplicamos en un sentido físico, para designar una oferta de ocio cultural y ecológico, que se manifiesta como un gran museo al aire libre abierto y habitado, compuesto de centros de interpretación, monumentos visitables, itinerarios señalizados, alojamientos, etc… que no está situado en un recinto de uso exclusivo, delimitado por una barrera física (no es un parque acotado), sino que se integra en la vida cotidiana del territorio y de sus habitantes facilitando al usuario los instrumentos que le ayudarán a situarse, a ver y a disfrutar los atractivos que le ofrece el territorio.
  • Por otro lado, y esta es la novedad metodológica más importante, lo utilizamos para designar a una “estructura organizativa”, capaz de liderar un proceso de desarrollo sostenible, encargada de la gestión del uso del patrimonio y dedicada a la aplicación de una estrategia de interpretación del territorio cuya elaboración, a través del consenso y la planificación, sea el aspecto central de cualquier proyecto de puesta en valor del patrimonio.

Como espacio de ocio cultural, el Territorio Museo sirve para articular bajo un marco conceptual común, el criterio clave de interpretación el concepto que abraza y cubre como un paraguas las diferentes temáticas y recursos que previamente se han seleccionado.  Uno de los retos que plantea esta propuesta es el hecho de que tanto el residente como el visitante sea capaz de percibir, sin dificultad, los límites y los contenidos del Territorio Museo, ya que, como hemos dicho, no se encuentra situado en un recinto de uso exclusivo sino que comparte la vida cotidiana del territorio y de sus habitantes. Por tanto es fundamental facilitar al visitante los instrumentos que ayudarán a situarse, a ver y aprender aquello que le ofrece el espacio.

Una propuesta diferente para la museización de la cultura del vino: el Museo del Vino del Priorato en Falset

Partiendo de esta filosofía se ha proyectado el Museo del Vino de Falset que integra el territorio de dos denominaciones de origen, Priorat y Montsant y se  ha propuesto ubicar en el antiguo castillo de Falset, capital de la comarca del Priorat.

El concepto museológico de este equipamiento cultural tiene que ver con la evolución y la identidad de los nuevos museos y de las nuevas propuestas de puesta en valor del patrimonio, sin perder de vista la realidad y las necesidades del territorio y de la población local.  El razonamiento lo estructuramos de la siguiente manera:

Nuevos tiempos → nuevos museos

Nuevos museos → nueva museografía

Nueva museografía → nuevos museos del vino

Como institución cultural, el Museo y otros equipamientos culturales (centros de descubrimiento, museos de ciencia y técnica con carácter interactivo, monumentos, centros de carácter temático, centros de visitantes…) que agrupan el patrimonio, entendido desde un punto de vista amplio y multidisciplinar, han cambiado mucho en los últimos años. Sus funciones de presentación y comunicación han tomado gran relevancia. Por eso, las apuestas y las programaciones de los nuevos equipamientos van con los nuevos tiempos.

En este siglo mediático en el que los productos tienden a especializarse con un concepto bien definido ya sea una ruta, las habitaciones de un hotel rural, una colección de libros o una programación de conferencias, muchos museos, más allá de mostrarse como aglutinantes de una miscelánea apuestan por el estudio, la investigación y la difusión de un tema concreto.

Asimismo, el desarrollo general del turismo cultural, la constatación de la existencia de un público ávido de este tipo de propuestas, la cada vez más desarrollada sociedad del tiempo libre y del ocio acompaña el nacimiento de nuevos equipamientos y a la actualización de muchos otros. Equipamientos que oferten experiencias que se consuman habitualmente durante el tiempo libre y donde los contenidos mantengan diferentes niveles de lectura para poder dar respuesta a los diferentes tipos de público, ya sea turista, escolar o especialista.

Pero la experiencia de la visita, además de didáctica tiene que ser atractiva y entretenida y para conseguirlo, el museo ha abierto las puertas a los recursos, a la estética y a los medios que ofrecen los nuevos tiempos para que la difusión combine los objetivos didácticos con el ocio.

Es en este sentido que se está optando por una museografía que incorpora el objeto pero que se centra en la comunicación de contenidos para el más amplio espectro de público posible. Para conseguirlo el lenguaje expositivo, así como aquello que se utiliza en el diseño de las actividades didácticas, se ha abierto a todos aquellos recursos que puedan ser útiles para comunicar los conceptos.

entrada

Propuesta para el acceso del Museo del Vino

camino del vino

Espectáculo audiovisual, el camino del vino: la llegada de los nuevos tiempos

caliz

Espectáculo audiovisual, el camino del vino: el cáliz, símbolo del papel de la Cartuja de Scala Dei en la historia del vino del Priorat

Ya no se trata  de la posibilidad de mostrar este o aquel objeto sino de significar y ofertar un contenido, ya sea por medio de una vitrina con un objeto singular y fantástico, o haciendo servir interactivos digitales o mecánicos, como mediante un audiovisual que se acerque a una producción televisiva, con la recreación de una escenografía-ambiente o con la construcción de una máquina ficticia que nos muestre un proceso. La vía está abierta, y los recursos a utilizar en los centros de última generación se deben de adecuar a los mensajes y al tema, pero pueden ser todos aquellos que la imaginación y el presupuesto permitan, respetando siempre la autenticidad, la honestidad y el rigor.

El vino está presente en muchas culturas y países y, en muchos lugares, lo encontramos como producto enraizado a la cultura y como definidor del territorio. Además, en los últimos años, la ubicación de este producto en el mercado como un elemento cultural, de prestigio y a su vez lúdico ha provocado que se desarrollen a su alrededor iniciativas diversas que vinculan la cultura, el territorio, la promoción y la mercadotecnia.

De este conjunto de ideas y iniciativas han nacido dentro del territorio español diferentes museos del vino con enfoques que cubren una enorme diversidad de puntos de vista, de necesidades y de formas de acercarse a este producto, de manera que se han generado museos del vino bien diferentes los unos de los otros.

Así, encontramos de un lado los que surgen a partir de una colección más o menos interesante. Son, por lo tanto, museos centrados en el objeto y en su disfrute estético, verdaderos escenarios de autenticidad, autoridad y prestigio. Otros, a partir de una antigua prensa o unas bodegas tradicionales se convierten en museos de proceso, centrados en los procesos de elaboración del vino. Sin ánimo de ser exhaustivos sólo citaremos, para terminar esta breve miscelánea de museos del vino, los pequeños museos locales sobre vino, que suelen tener tendencia a pensar que son el único museo del vino del mundo.

Dentro de este panorama, hemos conceptualizado el Museo del Vino de Falset como: un museo temático y territorial donde los contenidos se organizan y se presentan en base a un concepto interpretativo, una museografía interactiva, honesta y emotiva, puesta al servicio del visitante para explicar una historia singular y propia y de mostrar una realidad comarcal. Sobre la base de este razonamiento entendemos que nuestra propuesta para el Museo del Vino de Falset obedece a los siguientes conceptos estratégicos:

Un centro temático: Centrado en el tema del vino de manera que todo aquello que se explica ya sea histórico, procesual o anecdótico sea en clave de vino. Con una clara tendencia más hacia la narración que a la afirmación, que profundiza también en los aspectos inmateriales, incorporando las historias de las personas y permitiendo que éstas dialoguen con el carácter más técnico de la presentación de los objetos patrimoniales. Un centro que articule todas sus ofertas y experiencias con el filtro del vino, tanto las que hacen referencia a les actividades, a la didáctica, a la promoción o a la difusión.

Una puerta para el territorio y un centro de promoción: Entendemos que este equipamiento tiene sentido también como puerta de entrada a la comarca del Priorat y es por esto que se debe pensar en un espacio capaz de ofrecer la información necesaria para que el turista cultural y ecológico se sienta acogido, ayudado y apoyado en su viaje por estas tierras. Asimismo debe ser un espacio donde los profesionales del vino de la zona tengan un espacio de debate, de reunión, de discusión y de presentación y donde las dos denominaciones de origen puedan encontrarse para planificar y estudiar la promoción y la colaboración.

Un centro patrimonial de última generación: que desmitifique el rol tradicional del museo, articulando todo el patrimonio y la cultura del entorno del vino con las nuevas tecnologías, los sistemas de presentación activa, y estéticas modernas, generando un resultado más atractivo que despierte la curiosidad y el interés de un público que busca información dirigida a él y no al objeto museográfico.

 En síntesis, lo que nosotros proponemos es un museo temático centrado en el vino, que proponga los temas y contenidos a través de la mirada de éste, que oferte experiencias vinculadas al vino, que asuma por un lado el hecho local y la promoción del territorio, conjuntamente con la muestra del proceso de elaboración, que exponga los objetos vinculados a la tradición vinícola del territorio y a su vez que oferte una lectura global y cultural del hecho vinícola, todo desde una perspectiva de museografía activa, territorial y contemporánea. Éste es nuestro reto.

 

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