Textos del Museo de la Batalla de las Navas de Tolosa (Santa Helena, Jaén)

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TEXTOS DEL MUSEO DE LA BATALLA DE LAS NAVAS DE TOLOSA

Manel Miró, Barcelona julio del 2007

“No te preocupes por el ayer: ha pasado…
No te angusties por el mañana: aún no llega…
Vive, pues, sin nostalgia ni esperanza:
tu única posesión es el instante”

Omar Khayyam, poeta persa (1040-1121)

“Quizá la mayor lección de la Historia es que nadie aprendió las lecciones de la Historia.”

Aldous  HUXLEY, escritor inglés (1894-1963)

LUNES, 16 DE JULIO DE 1212 / 15 DE SAFAR del 609

Aquel lunes, aquí donde se alza este museo, una coalición de ejércitos cristianos liderada por el rey de Castilla Alfonso VIII y bendecida por el papa Inocencio III derrotó al ejército del califa almohade Al-Naṣir li-din Allah Muḥammad ben Al-Manṣur.

Esta batalla se convirtió en un mito de la cristiandad medieval gracias a la propaganda de la que fue objeto, especialmente por parte de la Iglesia, y su recuerdo perdura todavía hoy en el nombre de muchas calles de ciudades españolas.

Si hacemos caso de los contemporáneos se trató de una batalla excepcional, pero ¿Qué hay detrás de la leyenda? ¿Fue realmente tan trascendente su resultado? ¿Qué significado tuvo para sus protagonistas? ¿Cómo se desarrolló? ¿Por qué se convirtió en un mito?

Este museo trata de responder a estas preguntas a la luz de las más recientes investigaciones, desvelando las claves para que podamos acercarnos desde el siglo XXI a la comprensión de un acontecimiento que sucedió en los albores del siglo XIII.

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UNA VENTANA ABIERTA AL 1212

A principios del siglo XIII el mundo mediterráneo está en plena ebullición, plagado de conflictos que van más allá del enfrentamiento entre cristianos y musulmanes en España y Tierra Santa.

MEDITERRÁNEO 1200: TIEMPO DE CONFLICTOS Y CONTRASTES

En este mundo en el que la religión impregna todas las facetas de la vida, el conflicto tiene siempre tintes religiosos. Así, los Papas se enfrentan a reyes y emperadores por el liderazgo de la Cristiandad; la primacía en el Islam la disputan el Califato chiíta Fatimí y el Califato sunnita Abbasí; la secta ismaelita de los hashashin utiliza el asesinato selectivo para sus fines político-religiosos, el catolicismo romano disputa el liderazgo de la iglesia universal a la ortodoxia bizantina; los herejes cátaros o valdenses discuten a la iglesia romana su monopolio como intérprete única de la doctrina de Cristo.

Pero bajo este retablo de conflictos bulle un mundo de contrastes en el que la superstición, la guerra, la servidumbre y la penuria conviven con, el desarrollo de la ciencia, el renacer del pensamiento humanista, el crecimiento demográfico y la intensificación del comercio.

SUPERSTICIÓN Y CIENCIA

A principios del siglo XIII se busca en lo sobrenatural la causa de un sinfín de acontecimientos, desde la victoria o la derrota en una batalla, hasta la caída de la bóveda de una iglesia o una mala cosecha.

La creencia en el poder mágico de determinados objetos está a la orden del día y da lugar a un intenso tráfico de reliquias e incluso a legislar contra el uso privado de “armas de virtud”, es decir, armas como la espada del Cid, la famosa Tizona, a la que se le reconocen poderes sobrenaturales.

En el otro lado del espejo, la ciencia está desarrollando importantes avances, especialmente en al-Andalus donde judíos y musulmanes destacan de manera especial en el campo de las matemáticas y de la medicina.

LA GUERRA, UNA SUERTE COMÚN

A pesar de que en los albores del siglo XIII no existen ejércitos profesionales, la guerra es algo cotidiano en la España cristiana y, aunque nos pueda parecer extraño, no es considerada por todos como algo lamentable. Aunque se trata de una obligación, muchos la ven como un negocio y el botín obtenido en la batalla suele ser la principal vía que tanto caballeros como pueblo llano tienen para aumentar sus ingresos.

Por el contrario, la sociedad de al-Andalus a principios del siglo XIII, más desarrollada económica y culturalmente que su vecina de los reinos cristianos, prefiere buscar en las rentas del trabajo o del comercio su principal fuente de ingresos y está dispuesta a pagar a profesionales para que vayan a la guerra en su lugar.

Como en todas las épocas de la historia, la principal víctima de la guerra es la población civil de los territorios por donde pasan los ejércitos camino del campo de batalla: los saqueos, crímenes y violaciones son constantes.

PRIVILEGIOS FRENTE A TRIBUTOS

En el siglo XIII, la sociedad de la España cristiana está partida en dos: los que tienen privilegios y los que no tienen. El reparto de estos privilegios (diezmos, portazgos, derechos sobre la molienda, el comercio, el transporte…) es la clave del feudalismo y da pie a una nutrida red de relaciones de dependencia.

Los que no tienen privilegios son siervos, en su mayoría campesinos, atados a sus señores por unas obligaciones serviles que se traducen normalmente en bienes de consumo o en jornadas de trabajo.

Frente a esta sociedad feudal, al-Andalus presenta una población libre mucho más numerosa que paga tributos al estado a cambio de servicios.

PENURIA Y ABUNDANCIA

Una pobre productividad agrícola, sumada a una débil red de transportes y agravada por una injusta redistribución de la riqueza hace que la Europa medieval esté constantemente bajo la amenaza del hambre. Basta una mala cosecha o una plaga para pasar dos o tres años de mal comer.

En contraposición a esta Europa oscura, al-Andalus ofrece un rostro radiante. La ingeniería hidráulica andalusí dio lugar a importantes obras de canalización y permitió un desarrollo agrícola que España no había conocido hasta entonces.

La alta productividad de las huertas andalusíes provocó el crecimiento de la actividad comercial que a su vez se vio favorecida por una eficaz red de transportes que unía las principales ciudades del Islam medieval.

Este rostro brillante de al-Andalus alimentó la codicia de los reinos cristianos peninsulares y les incitó a una conquista que se disfrazó de Reconquista.

EL MEDITERRÁNEO, ENTRE LA CRUZ Y LA MEDIA LUNA

La fama inmediata que obtuvo la batalla de las Navas de Tolosa en todo el mundo cristiano se debe mayormente a que es la primera gran victoria de un ejército cristiano sobre uno musulmán desde que en 1187, en  la famosa batalla de los Cuernos de Hattin, Saladino aniquilara a un ejército cruzado, se hiciera con la más venerada de las reliquias cristianas, la Vera Cruz, y abriera definitivamente el camino de la reconquista musulmana de Jerusalén. Mientras la media luna crecía en Oriente, la cruz se ensanchaba en Occidente.

LOS PROTAGONISTAS

En la organización y desarrollo de la batalla de las Navas de Tolosa participaron las figuras más relevantes del Imperio Almohade, de la Iglesia Católica y de la España cristiana. Tres reyes y un papa frente a un califa. La batalla de las Navas de Tolosa pone en evidencia la fragmentación política de la cristiandad española al mismo tiempo que esconde, bajo una aparente unidad, las tensiones disgregadoras del califato almohade.

Al-Nair li-din Allah Muammad ben Al-Manur (Sevilla, 1179 – Marrakesh, 1213)

Al Nasir, califa de los almohades, tiene 33 años el día de la batalla. En los textos castellanos se le conoce como Miramamolín, derivación romance del árabe Amir Al-Mu’minin que significa “Principe de los Creyentes”.

Su mirada azul y su barba rubia delatan el origen septentrional de su madre Zahar, una esclava cristiana que acabó convirtiéndose en una de las esposas del padre de Al Nasir, el califa Abû Yûsuf Ya’qûb al-Mansûr, el vencedor de Alarcos.

La cruzada promovida por Alfonso VIII ha obligado a Al Nasir a volver su mirada hacia la frontera norte de su imperio, relativamente tranquila desde la batalla de Alarcos.

Tras la batalla de las Navas, Al-Nasir volverá a Rabat y abdicará en favor de su hijo Yusuf al-Mustansir. Poco después morirá en dudosas circunstancias, envenenado dirán algunos.

INOCENCIO III (Anagni 1160 – Perugia 1216)

Lotario de Segni tiene 52 años el día de la batalla y hace 14 que ostenta la distinción papal con el nombre de Inocencio III.

Desde sus tiempos de cardenal diácono se ha distinguido por su férrea defensa del papado como la máxima autoridad de la cristiandad, por encima de reyes y emperadores.

La cruzada contra los almohades no es la primera cruzada que ordena predicar. En 1204 ha organizado una que ha acabado con el trágicamente célebre saqueo de Constantinopla. En 1209, el mismo año que ha aprobado la Orden de los Mendicantes (franciscanos), ha predicado, por primera vez, una cruzada contra un territorio cristiano, la cruzada albigense, en la que ha participado como legado pontificio Arnaldo Aymerich, el mismo legado pontificio que participa ahora en la cruzada contra los almohades.

Morirá el día que se celebra el cuarto aniversario de la batalla de las Navas, el 16 de julio de 1216.

ALFONSO VIII (Soria 1155 – Ávila 1214)

Alfonso VIII, rey de Castilla, tiene 57 años el día de la batalla. Había heredado el trono de Castilla con sólo tres años y había sido coronado a los doce. Está casado con Leonor Plantagenet, hermana de Ricardo Corazón de León, con la que ha tenido trece hijos. El primogénito, Fernando, hace apenas unos meses que ha muerto.

El reinado de Alfonso ha estado marcado por los conflictos territoriales con el Califato Almohade y con los reinos de León y de Navarra. La derrota aplastante que ha sufrido a manos del califa almohade Abû Yûsuf 17 años atrás le ha afectado profundamente. Ha dedicado los diez últimos años a preparar cómo devolver el golpe recibido en Alarcos.

Para ello ha contado con la diligencia diplomática ante la Santa Sede del arzobispo de Toledo, Rodrigo Ximénez de Rada, y la complicidad de su pariente, Pedro el Católico, rey de Aragón, con el que ha pactado el reparto de las futuras conquistas de las tierras de Al Andalus.

Morirá dos años después de la batalla de las Navas y será enterrado en el monasterio burgalés de las Huelgas.

PEDRO II ¿Tarragona? 1177 – Muret 1213

Pedro II, rey de Aragón y Conde de Barcelona, tiene 35 años el día de la batalla. Gracias a su relación con el papa Inocencio III, que le ha coronado rey en Roma ocho años atrás, ha terciado ante la Santa Sede a favor del decreto de cruzada contra los almohades. Su hijo, el futuro Jaime el Conquistador, tiene en ese momento 4 años y está confinado en Carcasona bajo la custodia del jefe militar de la Cruzada albigense, Simón de Monfort.

Ha sido siempre un gran aliado de Alfonso VIII, al que le unen vínculos familiares, y su colaboración ha sido fundamental para el afianzamiento del reino de Castilla y para convencer al rey de Navarra de su participación en la batalla de las Navas de Tolosa.

Como si de una ironía del destino se tratara, morirá al cabo de pocos meses de la batalla de las Navas. Será al pie del castillo de Muret, en Occitania, a manos de los cruzados de Simón de Monfort. Pedro dejará un reino en la bancarrota y un heredero de tan sólo cinco años, Jaime, prisionero del hombre que ha matado a su padre.

SANCHO VII (Tudela 1157 – Tudela 1234)

Sancho VII, rey de Navarra, tiene 55 años el día de la batalla. Se le conoce con el sobrenombre de El Fuerte por su enorme estatura, más de dos metros.

Durante su reinado ha mantenido numerosos conflictos con su primo Alfonso VIII de Castilla por cuestiones territoriales que le han llevado, incluso, a solicitar la ayuda de los almohades.

A pesar de que Alfonso VIII le ha arrebatado Álava y Guipúzcoa acudirá a la cruzada contra los almohades, en la que tendrá una participación destacada. Las crónicas cuentan que será Sancho el primero en saltar las defensas del palenque del califa y romper las cadenas que lo protegen.

Será el más longevo de los reyes que van a participar en la batalla de las Navas de Tolosa. Morirá a la edad de 77 años, aquejado de una dolorosa enfermedad.

LAS NAVAS DE TOLOSA ¿UNA BATALLA EXCEPCIONAL?

La batalla de las Navas de Tolosa será una de las más famosas de la historia de España. La cuestión es si tal fama se deberá sólo a la propaganda de los vencedores o si también es consecuencia de su carácter excepcional como hecho bélico.

UNA BATALLA CAMPAL

La guerra en la España medieval consiste principalmente en la realización de incursiones de saqueo y de asedio contra castillos y fortalezas, con el principal objetivo de desgastar los recursos del enemigo para debilitarlo y, así, apoderarse de su territorio.

Esta forma de hacer la guerra evita por todos los medios el enfrentamiento a campo abierto, por eso las batallas campales como la de las Navas de Tolosa son acontecimientos extraños y poco comunes.

Esta cualidad la convertirá en una batalla excepcional.

UNA GUERRA MEDIEVAL

La guerra en la España medieval enfrenta principalmente a dos enemigos que, circunstancialmente, reciben el apoyo de algún aliado. Sólo la predicación de una cruzada o el llamamiento a la yihad hace que se amplíe notablemente el abanico de contendientes. En el caso de las Navas de Tolosa se da esta circunstancia.

Por parte cristiana, además de la participación de cuatro de los cinco reinos españoles (hecho que no volverá a repetirse nunca más) están presentes todas las órdenes militares con representación en España y numerosos contingentes cruzados venidos de toda Europa, en su mayoría del sur de Francia, los ultramontanos de las crónicas.

Por parte musulmana, la llamada a la yihad atrae a combatientes de todo el Islam, especialmente andalusíes y almohades del Magreb a los que se unen varias tribus árabes y los temidos arqueros kurdos.

Esta diversidad también hará de las Navas una batalla excepcional.

UN ENFRENTAMIENTO MASIVO

El número de contingentes que participan en la batalla de las Navas de Tolosa ha sido objeto de numerosas discusiones. Ni siquiera dos testigos directos que están juntos durante la batalla como el rey Alfonso VIII y el arzobispo Rodrigo Jiménez de Rada se ponen de acuerdo en las cifras. Así mientras Alfonso habla 62.000 hombres repartidos en 2.000 caballeros, 10.000 jinetes y 50.000 infantes, Rodrigo testimonia el mismo número de jinetes pero dobla el número de infantes, lo que hace un ejército de 112.000 hombres. Por su parte las crónicas musulmanas hablan de un ejército almohade de hasta 600.000 combatientes.

Las últimas investigaciones han llegado a establecer una hipótesis que atribuye unos 12.000 combatientes al ejército cruzado y unos 20.000 al ejército almohade.

Teniendo en cuenta que en la mayoría de las acciones militares del siglo XIII los ejércitos no superan el millar de hombres, la batalla de las Navas de Tolosa será, también por la magnitud de sus ejércitos, una batalla excepcional.

UN RESULTADO DECISIVO

La cuestión de hasta qué punto será decisiva la batalla de las Navas de Tolosa tiene dos perspectivas, la del corto y la del largo plazo.

En el corto plazo las consecuencias serán escasas. Territorialmente la victoria no supondrá una gran ganancia para Castilla y políticamente la derrota no conllevará la disolución del califato almohade.

Pero en el largo plazo, la batalla de las Navas de Tolosa marcará un punto de inflexión en la lucha por el control de España entre el Islam y la Cristiandad. En palabras de Juan Eslava Galán: La batalla de las Navas de Tolosa marca un hito en la historia de España… hizo saltar el cerrojo de la puerta de Andalucía y consolidó la frontera castellana en Sierra Morena facilitando las grandes conquistas castellanas en el siglo XIII.

También por sus consecuencias, pues, la batalla de las Navas de Tolosa será una batalla excepcional.

DESEANDO AL ANDALUS

Desde la fundación del Califato de Córdoba por Abderramán III en el 929, la España musulmana, Al Andalus, se debatirá entre la unidad y la disgregación. En 1031, el califato se desintegra en 39 pequeños reinos llamados taifas. En 1086, la unidad de Al Andalus vuelve de manos de los monjes-soldados llamados almorávides. Hacia 1140 la unidad almorávide se ha diluido, al igual que su moral fundamentalista, y Al Andalus vuelve a convertirse en una constelación de reinos de taifas hasta 1170. Los nuevos aires de unidad vendrán nuevamente desde Marruecos, donde gobiernan ahora los almohades que en poco más de treinta años han logrado forjar un poderoso imperio que se extiende desde Santarém hasta Trípoli incluyendo todo el norte de África, la mitad sur de la península ibérica y las Baleares.

El 11 de safar de 592 (19 de Julio de 1195) el ejército, “infinito como la arena del mar”, del califa almohade Abû Yûsuf Ya’qûb al-Mansûr está frente al castillo de Alarcos esperando la carga del ejército de Alfonso, rey de Castilla. Unas horas después, la enseña blanca del califa avanzará persiguiendo a los castellanos que huyen en desbandada. Los muertos, según los cronistas musulmanes, se contarán por miles. Diecisiete años más tarde, en las Navas de Tolosa, Alfonso recordará este día.

CRUZADA Y YIHAD

En 1210 el reino de Castilla rompe la tregua con el califato Almohade firmada quince años atrás, después de la batalla de Alarcos. El inicio de las hostilidades anuncia un enfrentamiento a gran escala. La importancia que tanto Alfonso de Castilla como el califa Al Nasir le darán a ese enfrentamiento se pone de manifiesto en su apelación a la Guerra Santa.

La predicación de la cruzada y la yihad, acompañadas de sus respectivas indulgencias y promesas redentoras, debería garantizar la participación de numerosos cruzados y muyahidines.

EL CAMINO A LA BATALLA

Una vez lanzadas las llamadas a la Guerra Santa, los diferentes grupos de combatientes se pusieron en marcha para llegar en la fecha prevista al punto marcado para el encuentro: Toledo para los cristianos, Sevilla para los almohades. Algunos contingentes cristianos tuvieron que recorrer un largo camino, especialmente los cruzados ultramontanos que venían de allende los Pirineos. También tuvo que recorrer un largo camino el ejército almohade que inició su marcha en Marrakech.

La movilización de contingentes muy numerosos convirtió el camino hasta el campo de batalla en un tremendo reto logístico para la intendencia de ambos ejércitos y, seguramente, supuso más de una pesadilla para las poblaciones que encontraron en su camino.

CRÓNICA DE LA BATALLA

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Mañana del viernes 13 de julio de 1212. Al Nasir descansa confiado en su tienda roja. Sabe que su ejército ha ganado la posición más ventajosa para la batalla.

Mientras, diez kilómetros más al norte, en la tienda de Alfonso, el desánimo está instalado en el corazón de los tres reyes y de su estado mayor. No saben como alcanzar el campo de batalla, los almohades les cierran los pasos de Sierra Morena.

Los más veteranos saben que en esas circunstancias no hay batalla posible, que la única salida es la retirada. Pero Alfonso ya se retiró contra su voluntad en Alarcos y ese recuerdo le ha torturado desde entonces. No piensa volverse atrás.

Al atardecer, disuelto ya el consejo de guerra, y estando a solas Alfonso con el adalid aragonés García Romero, cuentan las crónicas que se produce el milagro. Un pastor de nombre Martín Halaja aparecerá en el campamento y dará a conocer al rey un paso secreto que los almohades han descuidado.

Tras la pertinente exploración, el ejército cristiano se pondrá en marcha y, para sorpresa de los almohades, el sábado 14 de julio cruzará Sierra Morena.

Al Nasir, desde su tienda roja, verá plantar el “Real” cristiano y sabrá entonces que su ventaja inicial ha menguado.

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