Museo abierto y territorio museo, nuevos conceptos para la interpretación territorial del patrimonio cultural

Manel Miró i Alaix
 
Seminario: “PLANIFICACIÓN INTERPRETATIVA Y DISEÑO DE CENTROS.
PRIMEROS MODELOS”
Sevilla, 2001
 

Museo abierto y territorio museo son dos conceptos que responden a una misma idea y una misma necesidad: la de crear instrumentos de gestión del patrimonio con una perspectiva territorial, adaptados a las actuales demandas de uso social del patrimonio y de desarrollo local. Ambos conceptos derivan del ecomuseo francés con el que comparten una visión integral y territorial del patrimonio cultural y natural y entroncan con la tradición anglosajona de la planificación interpretativa.

 La diferencia que hemos establecido entre ambos se debe al ámbito territorial de aplicación: mientras que museo abierto lo estamos aplicando a centros históricos en un contexto urbano, como es el caso de Ceuta, de Úbeda, de Mérida y de Reus, territorio museo lo aplicamos a ámbitos territoriales municipales o supramunicipales en un contexto rural, es el caso del Territorio Museo de la Montaña en el Parque nacional Peneda Geres, en Terras de Bouro al Norte de Portugal, el Ecoparque de Trasmiera en Arnuero, Cantabria, o el Territorio Museo de Alghero en Cerdeña, Italia. Pero antes de entrar en detalle en ambos conceptos, me gustaría detenerme un momento en su gestación.

 ¿De dónde surge la idea?

 Ambos conceptos fueron desarrollados en el marco de un proyecto de cooperación italo-española financiado por la DG de Política Regional de la U.E., que tuvo como principal tema de estudio la integración de los proyectos de puesta en valor del patrimonio cultural en las estrategias y las políticas de ordenación y desarrollo territorial. Los miembros de este proyecto han sido cinco territorios del espacio cultural europeo y mediterráneo, que en la Edad Media formaron parte de un mismo espacio sociopolítico: La Corona de Aragón. Dos de ellos, el municipio de Alghero (Cerdeña – Italia) y el Consell Comarcal del Garraf (Cataluña – España), son espacios de costa que vivieron desde los años sesenta un fuerte desarrollo del turismo de sol y playa.

Los otros tres, Prepirineo (Aragón), Somontano (Aragón) y Peralada (Cataluña), son territorios de interior que han vivido en los últimos años una profunda transformación de su estructura socioeconómica agrícola e industrial.

En todos ellos, el patrimonio cultural ha sufrido un proceso de degradación, no sólo a causa de un desarrollo incontrolado, sino también, y muy especialmente por la pérdida de su valor simbólico y porque no ha encontrado su lugar en los nuevos escenarios que se plantean. Los cinco territorios, a pesar de sus diferencias, se planteaban una preocupación común: la de poner en valor su patrimonio para convertirlo en una pieza importante de su futuro desarrollo socioeconómico. En el caso de los territorios costeros contribuyendo a diversificar su oferta turística principal de sol y playa, y en los territorios de interior, convirtiéndose en el eje central de la creación de nuevas marcas turísticas.

El primer punto de discusión fue la evidencia de que existían distintos significados para el concepto de puesta en valor del patrimonio. En España, especialmente, pero también en Italia, el concepto de puesta en valor de un bien cultural suele limitarse a dos operaciones: la restauración y el establecimiento de un marco jurídico de protección, olvidándose a menudo la operación fundamental para permitir el uso social de un bien cultural que es la de establecer un plan de uso y gestión. La conclusión fue que al hablar de puesta en valor no debíamos sólo preguntarnos como se podía regenerar físicamente un bien o un espacio degradado sino cómo esa regeneración podía convertirse en una de las aspiraciones elementales y principales del territorio que lo albergaba. Dicho de otra manera, la pregunta que debíamos responder no era sólo ¿cómo conservar los recursos culturales? sino ¿qué papel debía jugar el patrimonio cultural y natural en una sociedad cambiante como la nuestra? y esa pregunta nos situó ante el gran reto al que, según nuestra opinión, deberían enfrentarse los proyectos de puesta en valor del patrimonio en el sur de Europa: contribuir a la resolución del permanente conflicto entre el uso y el abuso de la ocupación del espacio, conflicto que en los casos italiano y español deriva, por un lado, del abandono de muchas zonas rurales y, por otro lado, del desarrollo incontrolado y desmesurado en las áreas de crecimiento urbano.

Actualmente, en el área mediterránea, las soluciones al conflicto entre puesta en valor del patrimonio y desarrollo local se pueden agrupar, básicamente, en tres modelos:

  1. La solución “hagamos tabla rasa del pasado” parte de la idea que el crecimiento y el desarrollo del territorio no puede estar hipotecado por unos vestigios del pasado que han perdido su utilidad, en este escenario aquello que no sirve puede ser aniquilado. La franja costera mediterránea española es el mejor ejemplo  de este modelo de desarrollo hecho a base de quemar territorio y destruir recursos. En este modelo el patrimonio, como mucho, llega a ser considerado un elemento decorativo.
  2. Existe un segundo modelo que podemos denominar “joya de la corona” porque plantea la puesta en valor del patrimonio desde una óptica de “prestigio”. Es el modelo que más se aplica hoy en España y obedece a una visión “estrecha” y “anticuarista” del patrimonio. Por ejemplo, si se trata de desarrollar el turismo cultural en un centro histórico, se elige el monumento más famoso o espectacular y se actúa sobre él, sin tener en cuenta el entorno en el que está inmerso. También, dentro de este modelo, podríamos citar los numerosos proyectos de puesta en valor del patrimonio que obedecen sólo a una lógica de prestigio político o académico.
  3. Afortunadamente, aunque de manera incipiente y titubeante, existe un tercer modelo el del “desarrollo sostenible”. Este modelo plantea que la dinamización y el desarrollo en el ámbito del patrimonio debe ser fruto de proyectos territoriales que analicen los recursos culturales y naturales y su posible promoción socioeconómica, en base a una utilización racional de estos recursos y siempre dentro de un modelo de desarrollo endógeno, respetuoso con el entorno, procurando incrementar el producto interior por la vía de la mejora de las actividades tradicionales y por la creación de nuevos servicios vinculados al patrimonio y al turismo.

 Ligado a este tercer modelo y para que puedan participar en la resolución del conflicto entre patrimonio y desarrollo entendimos que será necesario que el profesional del patrimonio disponga de instrumentos metodológicos y operativos adaptables a los nuevos procesos de planificación espacial, en los que las decisiones que afectan al patrimonio y al desarrollo territorial no se tomen en base solamente a criterios profesionales sino que sean el resultado de la participación y el consenso.

 Como respuesta a esta situación desarrollamos el concepto de territorio museo con un doble significado:

  •  Por un lado, lo aplicamos en un sentido físico, para designar una oferta de ocio cultural y ecológico, que se manifiesta como un gran museo al aire libre  abierto y habitado, en continuo movimiento y transformación, compuesto de centros de interpretación, monumentos visitables, itinerarios señalizados, alojamientos, etc… A diferencia, no obstante, de los museos al aire libre, el Territorio Museo no está situado en un recinto de uso exclusivo, delimitado por una barrera física (no es un parque acotado), sino que pretende integrar la vida cotidiana del territorio y de sus habitantes. Por tanto es fundamental facilitar al usuario (sea visitante o residente) los instrumentos que le ayudarán a situarse, a ver y aprehender aquello que le ofrece el territorio.
  • Por otro lado, y esta es la novedad metodológica más importante, lo utilizamos para designar a una “estructura organizativa”, capaz de liderar un proceso de desarrollo sostenible, encargada de la gestión del uso del patrimonio y dedicada a la aplicación de una estrategia de interpretación del territorio cuya elaboración, a través del consenso y la planificación, debería ser el aspecto central de cualquier proyecto de puesta en valor del patrimonio.

 Los principios de planificación de un territorio museo.

 Es evidente que el patrimonio cultural y natural no está aislado del contexto socioeconómico y territorial, sino que está absolutamente interrelacionado con el resto de actividades humanas. Por ello la planificación de un territorio museo pretende evitar que las actuaciones en patrimonio se planteen de forma aislada y descontextualizada, al margen de unas estrategias globales de desarrollo. Este concepto de planificación integrada en la creación de un territorio museo se basa  en los siguientes principios:

  • LA PROTECCIÓN DEL PATRIMONIO Y LA IDENTIDAD LOCAL. Hay que evitar la creación de “falsas culturas turísticas”, presentando una oferta autóctona que se sustente en la adecuada preservación e integridad de los bienes y valores de la zona. Los beneficios generados por las estrategias de dinamización del patrimonio deben reinvertirse en la propia mejora del patrimonio.

  • LA REAFIRMACIÓN DEL PAPEL DE LA PLANIFICACIÓN, ANTE EL PELIGRO DEL MERCADO COMO FACTOR EXCLUSIVO DE REGULACIÓN DEL DESARROLLO. Los poderes públicos deben asumir un protagonismo ineludible en el ámbito de la planificación territorial y el control de los posibles impactos negativos o problemas medioambientales que pudieran surgir.

  • LAS PERSONAS COMO PROTAGONISTAS DE SU PROCESO DE DESARROLLO. Los habitantes son el principal y más importante bien de un territorio; Por ello es imprescindible implicar el mayor número posible de personas en los proyectos de dinamización del patrimonio. Hay que contar con todos los agentes locales -con la sociedad civil- y procurar que los procesos de desarrollo se lleven a cabo desde la base, aplicando hasta las últimas consecuencias el principio de la subsidiariedad.

  • LA CONSECUCIÓN DE LA MEJORA DE LAS CONDICIONES DE VIDA DE LA POBLACIÓN LOCAL. Los proyectos de desarrollo del patrimonio deben tener en cuenta la necesidad de mejorar las infraestructuras y servicios básicos de los habitantes del territorio. El patrimonio no puede ser concebido como una manifestación al servicio de unas élites, sino que debe tener un rol fundamental en la vida diaria de la población. Por ello las acciones de preservación deben ir orientadas en primer lugar a la mejora de las condiciones de vida local y, a partir de aquí, poner de manifiesto que la conservación y el uso social del patrimonio son esenciales para la propia supervivencia de la comunidad.

  • INCIDIR EN LOS ASPECTOS DE FORMACIÓN Y EN EL DESARROLLO DE PROGRAMAS OCUPACIONALES. Cualquier proyecto de desarrollo del patrimonio y del turismo cultural debe tener en cuenta la formación y el reciclaje de los distintos agentes y colectivos implicados en las estrategias de conservación y promoción.  Las medidas de formación profesional deben situarse en el contexto de la dinamización ocupacional del sector, mediante la creación de nuevos empleos, directos o inducidos. Estas medidas deben orientarse básicamente hacia aquellos colectivos previamente detectados con más posibilidades de inserción profesional (por ejemplo: mujeres, jóvenes…).

Desde esta perspectiva y con los citados planteamientos, el patrimonio cultural y el entorno constituyen, además de un elemento de identidad y de afirmación colectiva, digno de ser preservado y transmitido a las generaciones futuras, una fuente de riqueza, de vertebración social y de creación de puestos de trabajo.

Por ello, cualquier estrategia de desarrollo local y regional que se sustente en proyectos integrales de crecimiento sostenible del patrimonio cultural y natural garantizará una doble efectividad: por un lado la preservación de culturas, monumentos y entornos; por el otro, el desencadenamiento de efectos inducidos en el territorio: desarrollo del sector terciario, creación de empleo, etc… Es conveniente y necesario, pues, prestar una especial atención al patrimonio y dar prioridad a este tipo de proyectos a la hora de diseñar estrategias de promoción y desarrollo territorial.

El territorio museo como instrumento de gestión del sistema patrimonial. 

Como instrumento de gestión del patrimonio de ámbito territorial, la planificación de un territorio museo parte del análisis del patrimonio entendido como un sistema en el que la falta o la presencia insuficiente de uno solo de sus componentes puede comprometer la estabilidad y desarrollo de todo el conjunto. Cuanta más rigidez y reacción al cambio exista en el seno del sistema patrimonial, menos probabilidades habrá de supervivencia o de superación del aislamiento y la marginalidad dentro de la sociedad.

El análisis del patrimonio como sistema nos permite desglosar los distintos componentes que lo determinan, estudiar su estructura interna, su contexto social, los distintos agentes y operadores que intervienen, las interrelaciones con otros sistemas y sectores de actividad, etc… A partir de este punto será mucho más fácil identificar las oportunidades que nos permitan suscitar estrategias innovadoras de organización y desarrollo sostenible de nuestra herencia cultural y medioambiental.

 

Es evidente que la base fundamental de todo el sistema está constituida por los testimonios culturales y naturales que la sociedad reconoce y valora como merecedores de preservación y conocimiento, y que deben ser legados a las generaciones futuras.

Hoy en día vemos como el concepto de patrimonio se va ampliando tanto cuantitativamente -cada vez hay más bienes que la colectividad asume que hay que preservar y difundir- como cualitativamente: el patrimonio ya no se limita a unas obras, portadoras de unos mensajes simbólicos, que gozan de un reconocimiento oficial, sino que se amplia hacia todos aquellos elementos y expresiones que nos remiten a la identidad: tradiciones, formas de vida, lenguas, cultura oral, etc… Por tanto, aumentan las categorías de bienes susceptibles de contar con protección y difusión pública. También se pone en evidencia, cada vez más, la interdependencia entre los testimonios culturales y el entorno natural: aumenta la propensión a poner de manifiesto la conexión entre naturaleza y cultura y a desarrollar planteamientos interdisciplinarios, en los cuales el ser humano es situado en su entorno natural, social y cultural.

Está claro, pues, que nos estamos refiriendo a un concepto dinámico, en constante evolución, que es utilizado por la sociedad como instrumento de identificación y de orientación colectiva, que se transmite de generación en generación y que se enriquece constantemente. Esta concepción evolutiva nos lleva a considerar tanto el legado cultural de nuestros antepasados, como los testimonios contemporáneos, que expresan la vida de una comunidad y su desarrollo y que, por tanto, intervienen en la construcción del futuro.

Cuando se trata de analizar los bienes patrimoniales es necesario destacar el hecho de que no nos estamos refiriendo a bienes de mercado en sentido tradicional, ya que tienen un valor social y cultural, distinto al comercial, y un carácter simbólico. Ello los distingue de las mercancías convencionales. Por consiguiente, al estudiar el patrimonio desde un punto de vista socioeconómico no podremos hablar, en sentido estricto, de producción de bienes, sino de acciones encaminadas a preservar, adecuar y revalorizar los testimonios culturales y naturales.

Las diferentes actuaciones a realizar en el marco de la gestión de un territorio museo, pueden englobarse en las cinco funciones que sintetizan el uso y acción social del patrimonio:

ADQUISICIÓN.

La adquisición (o colección) se refiere a las distintas formas por las cuales un patrimonio pasa a la tutela de unos agentes responsables de su gestión. Incluye, por tanto, las distintas vías de ingreso del patrimonio a la tutela institucional (sea mediante la compra o, según los casos, recolección, excavación, donación, etc…). Esta función patrimonial necesita sustentarse en unos criterios de incremento patrimonial que sean claros y selectivos.

DOCUMENTACIÓN.

Abarca el proceso que nos permite recoger la información precisa sobre el origen, historia, contexto y características fundamentales de cada bien patrimonial. Se materializa en las tareas de registro, clasificación, inventario y catalogación. La existencia de inventarios y registros constituye la base para el control y la información del patrimonio.

PRESERVACIÓN

En este concepto podemos incluir todas aquellas acciones orientadas a disminuir al máximo los peligros de deterioro y los procesos de degradación del patrimonio. La preservación engloba, por tanto, la conservación preventiva, la restauración, la seguridad y, en general, las actuaciones destinadas a garantizar al máximo la integridad de los bienes culturales y del entorno.

INVESTIGACIÓN

Permite garantizar un correcto tratamiento del patrimonio, nos posibilita que profundicemos en su conocimiento y favorece su desarrollo. Por ello, se plantea la necesidad de fomentar el estudio de los recursos culturales y naturales, promover iniciativas de I+D en este campo, facilitar la coordinación con los organismos universitarios y científicos, etc…

DIFUSIÓN

Esta función, orientada al contacto con el público, se desarrolla mediante iniciativas y programas diversos destinados a captar el mayor número posible de usuarios y satisfacer sus demandas. Abarca, por tanto, conceptos distintos, pero con el denominador común de ser los elementos facilitadores de la utilización del patrimonio por parte del público: información, marketing y comunicación, didáctica, publicación y exposición. Uno de los grandes retos que tiene planteados el sistema patrimonial es atender las nuevas demandas y evolucionar de acuerdo con los rápidos avances de los medios de información y comunicación social.

Las cinco funciones básicas de la gestión patrimonial que, como hemos visto, engloban todas las acciones que se llevan a cabo a partir de la existencia de un patrimonio determinado, constituyen la base fundamental sobre la cual se debe sustentar el equilibrio del sistema.

Alguna de estas funciones puede parecer incluso contradictoria: hay que destacar fundamentalmente las tensiones que resultan de la confrontación entre la necesidad de preservar y mantener la integridad del patrimonio, por un lado, y, a la vez, difundir y facilitar el máximo uso social de este patrimonio. Pero un estudio más profundo del sistema nos pone de manifiesto la complementariedad e interdependencia entre todas y cada una de las funciones patrimoniales.

La adquisición, por ejemplo, está directamente relacionada con la capacidad de integración con el resto de funciones: no tiene sentido adquirir un patrimonio si, a posteriori, no puede ser documentado, preservado, investigado y difundido al público.

La documentación constituye una base fundamental para la investigación y la difusión y un instrumento para determinar la política de adquisiciones; pero también es un recurso para la protección (por ejemplo, es la base para la localización de objetos robados).

La investigación incide directamente en la documentación y la difusión del patrimonio y en la mejora de las técnicas y procesos para la preservación del patrimonio ya que facilita los criterios para establecer las directrices de la interpretación.

La preservación y la difusión constituyen los pilares que justifican la adquisición, documentación e investigación, pero a la vez están interrelacionadas: una buena política de difusión provoca una mayor sensibilización social para la conservación del patrimonio y, a la vez, puede provocar la generación de unos ingresos que pueden reinvertirse en la mejora del patrimonio. Pero, para desarrollar cualquier iniciativa de uso social del patrimonio, es imprescindible la adopción de medidas encaminadas a garantizar la integridad de los recursos culturales y naturales.

Actualmente en España la ausencia de planteamientos territoriales en la gestión del patrimonio cultural hace que las prioridades hacia una u otra función, en detrimento de las otras, provoquen desequilibrios y desviaciones: por ejemplo, el fomento de la investigación científica sin una política de difusión y de comunicación con el público provoca la concepción de las instituciones patrimoniales como órganos científicos de acceso muy restringido, con todo lo que conlleva de limitación de su uso social. Lo mismo pasa con las políticas conservacionistas, que limitan la utilización comunitaria del patrimonio e impiden su desarrollo. De la misma manera, la difusión sin documentación e investigación falsifica la realidad; y sin preservación provoca la destrucción del patrimonio.

Por tanto, como no tiene sentido promover confrontaciones y polémicas entre las cinco funciones básicas de la gestión del patrimonio con la creación de un  territorio museo se busca el equilibrio, la interconexión y el desarrollo armónico de todas ellas. Para transformar estas intenciones en una estructura de gestión de los recursos patrimoniales en el territorio hemos basado la planificación de un Territorio Museo en la tradición anglosajona de los planes de interpretación.

Dada la amplitud de significados que tiene el concepto interpretación es necesario, antes de seguir, hacer una serie de consideraciones para delimitar su significado dentro del contexto de los proyectos de puesta en valor del patrimonio cultural.

La planificación interpretativa como base para la creación de un territorio museo.

La interpretación se aplica a muchos ámbitos de la vida. Como dice C. Carrier, si es necesaria la interpretación es porque hay problema, dificultad, conflicto de comprensión… los jueces interpretan las leyes, los árbitros de fútbol el reglamento, los periodistas la actualidad, los psicoanalistas los sueños. Los intérpretes del patrimonio interpretan el patrimonio.

Dentro de la interpretación del patrimonio hay también diferentes niveles de complejidad: desde el arqueólogo de campo que interpreta la funcionalidad del artefacto hallado en una excavación, hasta el técnico de la administración o el consultor que acomete un plan de interpretación territorial.

En general pues, la interpretación es un sistema de descodificación de mensajes que tienen niveles de complejidad muy dispares y una fuerte carga de ambigüedad. En todo caso, la interpretación siempre se traduce en un acto de comunicación. Interpretamos para dar a conocer algo, para hacerlo inteligible y para hacerlo inteligible de una determinada manera.

En este sentido, la interpretación aplicada al territorio aparece como respuesta a una demanda social de uso del patrimonio y a la necesidad de cada territorio de posicionarse frente a sus competidores. Entendida así, la interpretación se convierte en un instrumento de planificación dentro de estrategias de desarrollo territorial y alcanza su mayor nivel de complejidad.

Decimos que la interpretación del territorio es el nivel más complejo dentro de la interpretación del patrimonio, porque, aunque pueda estar arropada por una pretendida objetividad científica, la interpretación del territorio es siempre un arma ideológica que puede afectar de manera directa la vida de la población. En esta dimensión, la interpretación es un instrumento fundamental para la definición de políticas de intervención y uso social del patrimonio, y la base para el desarrollo de políticas de comercialización y explotación turística.

La interpretación de un territorio, si se quiere que sea algo más que un simple entretenimiento intelectual, debe traducirse siempre en un plan de actuación: en una apuesta por un determinado discurso comunicativo y por un determinado sistema de presentación y gestión de los recursos que viene a dar respuesta a una demanda o necesidad de uso social del patrimonio.

En este sentido, acometer un plan territorial de interpretación implica tomar decisiones sobre:

  • qué se conserva y qué no se conserva,
  • qué prioridades de restauración hay,
  • qué tipo de actividades se priorizan (o se subvencionan),
  • qué mensaje se da desde el patrimonio (histórico, científico, ideológico, emotivo…)
  • a qué segmentos de público se debe dirigir la oferta
  • qué patrimonio debe gestionar o adquirir la administración
  • qué costumbres, tradiciones… se quiere recuperar o salvaguardar,
  • qué monumentos se hacen accesibles y de qué manera,
  • cómo se garantiza la rentabilidad de las inversiones en patrimonio…

Son sólo algunas de las preguntas a las que debe dar respuesta un plan de interpretación. Todos estamos de acuerdo en que todo el patrimonio merece ser conservado, pero todos sabemos también que los recursos para ello son limitados y eso provoca que, a menudo, se planteen conflictos. Estas limitaciones, unidas a la fuerte carga simbólica que tiene el patrimonio, hacen que muchas decisiones sobre el patrimonio se tomen en base a criterios corporativistas o partidistas, en dos palabras, poco democráticos.

Por poner un ejemplo, en Tesalónica (Grecia), debido al ancestral efrentamiento entre griegos y turcos, hay un claro agravio comparativo, a nivel de inversiones en conservación, entre el patrimonio monumental de la época del dominio turco (prácticamente abandonado a su suerte) y el de las épocas greco-romana y bizantina.

Otro ejemplo. La consideración del Románico como el periodo artístico más importante de Catalunya dio lugar a la desaparición, en muchas iglesias del medio rural, de frescos y retablos de época barroca que estaban ocultando la obra románica y fueron destruidos en el afán de recuperar la “piedra vista”, “lo original”.

Existe también en España una larga lista, que sería muy pesado enumerar aquí, de proyectos de conservación y restauración de monumentos que se han llevado a cabo sin un estudio previo de viabilidad y sin ningún plan de aprovechamiento. Proyectos que, además, han sido hechos muchas veces sin contar con las demandas o las necesidades de los herederos sociales de ese patrimonio. Con estas consideraciones quiero remarcar la necesidad de los planes de interpretación como un instrumento básico para poder desarrollar políticas de patrimonio coherentes y realistas. Si no existen planes de interpretación difícilmente se podrá juzgar o evaluar los resultados de las propuestas existentes.

Hasta aquí hemos analizado el territorio museo como instrumento de gestión del patrimonio desde una perspectiva territorial. Para finalizar nos centraremos en la vertiente del territorio museo como oferta educativa y de ocio cultural y ecológica.

El territorio museo como oferta de turismo cultural.

Con demasiada frecuencia en España en los últimos años, cuando se ha planteado la necesidad o la voluntad de poner en valor el patrimonio de un territorio, automáticamente se ha pensado en la creación de un museo o, más recientemente, en la varita mágica de los centros de interpretación.

Por el contrario, desde la perspectiva del territorio museo entendemos que la puesta en valor del patrimonio no debe plantearse únicamente dentro de las cuatro paredes de una exposición, sino que debe abrirse a una idea integral de paisaje y de respeto al mismo, que cuente con los testimonios originales (ya sean tangibles o intangibles), que utilice las construcciones existentes, es decir, los lugares de la memoria.

Como espacio de ocio cultural, el Territorio Museo articula bajo un marco conceptual común, el criterio clave de interpretación, las diferentes temáticas y recursos presentes en el territorio. El despliegue temático del criterio clave de interpretación sobre el territorio da como resultado una especie de museo abierto en el que los objetos y los conceptos se presentan en su contexto social y en su entorno físico original. Por ello, entendemos que el concepto Territorio Museo puede ser especialmente atractivo para aquellas zonas dotadas de una fuerte personalidad histórica que conservan numerosas huellas de su pasado: tradiciones artesanales, gastronómicas, particularismos lingüísticos, arquitecturas populares, estrategias productivas peculiares, conjuntos monumentales, restos arqueológicos, obras de arte, manifestaciones culturales…

Uno de los retos que plantea esta propuesta es el hecho de que tanto el residente como el visitante sea capaz de percibir, sin dificultad, los límites y los contenidos del Territorio Museo, ya que, como hemos dicho, no se encuentra situado en un recinto de uso exclusivo sino que comparte la vida cotidiana del territorio y de sus habitantes. Por tanto es fundamental facilitar al visitante los instrumentos que ayudarán a situarse, a ver y aprender aquello que le ofrece el espacio.

Una estructura modelo de un Territorio Museo podría ser la siguiente:

è LA PUERTA DEL TERRITORIO MUSEO: es el primer lugar de contacto entre el usuario y el territorio, por ello debe ser como el espejo de Alicia, un espacio que permita al usuario la inmersión en el universo desconocido del territorio. Su principal misión es dar a conocer la estructura y los servicios del Territorio Museo y ejercer de lanzadera para el descubrimiento del territorio que presentan.

è LAS VENTANAS TEMÁTICAS DEL TERRITORIO MUSEO: A diferencia de las puertas que ofrecen una panorámica general, las ventanas temáticas focalizan su discurso sobre uno de los temas que configuran el árbol temático del criterio clave de interpretación. Su misión fundamental es la de dar las claves para disfrutar de un recurso o conjunto de recursos del territorio vinculados a la temática de la ventana.

è LOS CAMINOS TEMÁTICOS DEL TERRITORIO MUSEO: Se trata de itinerarios señalizados a modo de “exposiciones temporales al aire libre” que permiten explicar una infinidad de pequeñas temáticas. Al tratarse de una experiencia de carácter temporal, favorecen la repetición de la visita. Es interesante vincular estos caminos temáticos a las actividades de investigación sobre el patrimonio del Territorio Museo.

 

è LOS EVENTOS DEL TERRITORIO MUSEO: La programación continua de eventos es una de las funciones básicas del órgano de gestión del Territorio Museo. Dentro de este ámbito se incluirían la realización de Jornadas Gastronómicas, Ferias de Artesanía, Festivales de Música o Teatro, etc…

è SERVICIOS DEL TERRITORIO MUSEO: La utilización del Territorio Museo como marca o distintivo de calidad permite vincular a su imagen la promoción de aquellos servicios que sean útiles, necesarios o interesantes en la configuración de la experiencia global del usuario del Territorio Museo, como el transporte, los alojamientos y restaurantes, los comercios o las hípicas.

Para finalizar, quiero insistir en la necesidad de colocar el respeto al patrimonio cultural y natural, en el centro de las preocupaciones por mejorar la calidad de vida de nuestras poblaciones. En este sentido, de la aplicación de la metodología del territorio museo esperamos la implementación de unas políticas de desarrollo sostenible, y la creación de unos mecanismos de gestión que permitan, de una manera eficaz, la participación de la sociedad civil y de los agentes económicos en los procesos de ordenación del territorio.

Frente al proceso de globalización que vive actualmente la sociedad europea entendemos que los proyectos de puesta en valor del patrimonio desde una visión integral, territorial y sostenible, llámense territorios museo, museos abiertos, ecomuseos o parques culturales, pueden convertirse en un punto de referencia para todos aquellos que quieran reivindicar la diversidad cultural como un bien imprescindible.

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Acerca de Manel Miró Alaix

I was born in Barcelona on October 11, 1962, in the middle of the Cuba missile crisis and the same day that Pope John XXIII inaugurated Vatican Council II. Graduated in 1985 in Prehistory & Ancient History at the University of Barcelona. After 4 years working as archaeologist, since 1990 I work as a consultant in heritage and cultural tourism. In 1996 I founded Stoa, a consulting in heritage, tourism and museology, with Jordi Padró and Josep Mª García. I participated as a teacher of heritage interpretation and cultural heritage management at the universities of Barcelona, Girona, Seville, Granada, A Coruña, International University of Catalonia, Open University of Catalonia and the Master of Architecture of the Andalusian Historical Heritage Institute.
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